Personalidad: No todos tienen una.


 “Necesitaba irme, alejarme de todos y aclarar mi mente. Saber quién soy yo. No es que no lo supiera desde siempre, pero estaba cansado de pretender, de adecuarme a lo que las personas esperan de mí, a lo que quieren que sea. El círculo social al que me había adaptado me había llevado al extremo de olvidarme por completo de quién era yo, tratando siempre de encajar y de cumplir expectativas. Así fue como aprendí a mentir, lo que no pude preveer era que tarde o temprano me estaría mintiendo también a mí mismo… “

Personalidad. Dicen que todos tenemos una, que es aquella que nos define como individuos, que nos hace diferentes y que transmite lo más real y certero de nosotros. Sí, la personalidad es algo que poco a poco se va formando con el tiempo conforme a tus gustos, aficiones, deseos y claro, también debido a la educación y el medio en el que te desenvuelves. Pero, ¿qué pasa con todos aquellos que no poseen una? Y es que tenemos que ser honestos, existen muchas personas en este mundo que van por la vida sin una personalidad que los defina, y el resultado de eso es que tarde o temprano terminan adoptando la de otros.

Quizá todos hemos pasado por ello, probablemente la mayoría de nosotros hemos sido como esponjas que absorben aquello que les gusta de alguien más, y eso no significa que sea algo malo. Durante la adolescencia vamos moldeando nuestro carácter, descubriendo nuestros gustos y por lo tanto adquiriendo una personalidad. Lo malo es cuando pasas esta etapa y continúas sin saber quién eres, qué quieres o qué te gusta, y por lo tanto tienes la necesidad de seguir adoptando actitudes ajenas.

¿De quién es la culpa? ¿De la sociedad en la que vivimos? ¿De nuestro entorno? ¿De los amigos? No, si se trata de encontrar culpables entonces debemos empezar por mirarnos a nosotros mismos. Si bien es cierto que la sociedad nos exige ciertas actitudes o comportamientos, eso no significa que tengamos qué cumplirlos al pie de la letra y al grado de abandonar aquello que nos define. Por eso, cuando nos esforzamos en exceso por “encajar” en algún lado, lo primero que deberíamos hacer es preguntarnos si realmente vale la pena.

En lo personal, puedo decir que sí fui de aquellos que trataron de agradar a otros mostrando una cara que no era precisamente una verdadera. Aparentando, tratando de verme “cool” ante esas personas que yo quería que formaran parte de mi vida. Muchas veces caí en excesos, muchas veces me olvidé por completo de quién era y me creí yo mismo el papel que estaba jugando. Me sentía obligado a encajar, y no sólo con mis amistades sino también con mi familia. Vendía una imagen que todos compraban menos yo. Sí, todos eran felices de ver que yo era aquella persona que esperaban que fuera, pero no cuesta tanto adivinar quién era el infeliz con todo eso.

Creemos que si no cumplimos los estándares que los demás tienen de nosotros entonces no estamos haciendo las cosas bien. Tus papás quieren que estudies, que termines una carrera, tus amigos que siempre estés ahí para ellos o que cada que digan “peda” ya estés listo. Tu pareja espera convertirse en tu prioridad y que en todo momento estés pendiente de ella. ¿Pero qué esperas tú de ti mismo? La pregunta obligada en todo caso sería, ¿realmente sabes quién eres?

Cuántos casos hay de personas que eligieron su carrera porque era lo que su familia quería, que se visten como sus amigos sólo por encajar, que tienen qué reventarse partidos de fútbol por convivir cuando ni les gusta. Cuántos no hay que sienten la necesidad de fingir y aparentar sólo por ser aceptados… ¿Cuál es la realidad dentro de todo esto? Que si tienes que recurrir a ello, entonces las personas que te rodean no te quieren a ti, sino a lo que creen que eres.

Peor aún cuando por agradarle al chavo o chava que te late tratas de hacer ver que tienen los mismos gustos. Te informas acerca de todo aquello que le apasiona para tener tema de conversación y verte así mucho más interesante. ¿Qué ganas con todo eso? La autenticidad es algo que siempre será mucho más valioso. Qué importa que a muchos no les guste, que te critiquen, que te tachen de loco o de diferente, al final sabrás que quienes están contigo lo hacen porque les late lo que ven, porque en realidad aceptan todo lo que eres.

Yo me cansé al grado de valerme madre si les gustaba o no, si mi familia estaba contenta o se espantaba por mis actitudes. Muchos de mis “amigos” se fueron cuando empecé a ser fiel a mí mismo, y aunque me entristeció el hecho, me hizo darme cuenta de que prefería irme quedando solo antes que tener que ser de tal o cual forma sólo para que alguien estuviera a mi lado. Y es que la libertad que se siente cuando no tienes máscaras es mil veces más satisfactoria que un círculo social bastante amplio.

¿Cuál es tu miedo? ¿A qué le tiras? ¿Qué tipo de personas son las que quieres dentro de tu vida? Más importante aún… ¿Qué tipo de persona quieres ser tú en la vida de alguien? Sé auténtico, sé tú mismo, que te valgan 3 hectáreas de aquella que muchos se comen doblada, pero sé feliz. ¿Qué a muchos les puede sorprender y desagradar? ¡Qué importa! Personas que te acepten como realmente eres llegarán a tu vida, y esos, esos sí son de los que hay que valorar.


*El primer párrafo de esta publicación es un fragmento de “Sobreactuados”, libro en el que estoy trabajando y que; entre otras cosas, aborda este tema. Esperemos que esté terminado muy pronto y que pueda ver la luz. 

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